Distanciamiento Social, pero Animal 050920

Distanciamiento del Animal, Social

 

El distanciamiento social que se instaló en nuestra sociedad a raíz de la pandemia del coronavirus , no sólo es la ilógica y  antinatural decisión que, por una vez, los seres humanos deciden poner en práctica para evitar males mayores.

Diversos estudios han demostrado que otros animales e insectos como murciélagos, abejas, langostas y gorilas, también realizan estas cuarentenas en sus relacionamientos.

Investigadores de Hamilton College, Virginia Tech y la Universidad de Pittsburgh revisaron estudios de animales sociales, incluyendo, además de los mencionados, a demonios de Tasmania, ranas, pájaros y lobos para ver cómo ajustan sus hábitos sociales cuando se enfrentan a enfermedades infecciosas.

Los resultados indican que no sólo el ser humano tienen la franquicia del aislamiento. De hecho en el reino animal también se hace distanciamiento social para enfrentar estos males o crisis sanitarias.

Como ejemplo indicar algunas prácticas que conllevan el distanciamiento social en animales:

  • Las langostas saludables evitan a sus congéneres enfermos.
  • Los murciélagos infectados se auto-excluyen y evitan su socialización.
  • Las abejas enfermas no regresan a sus colmenas, protegiendo así al enjambre.
  • Las gorilas se unirán a un nuevo grupo social en respuesta a las lesiones cutáneas infecciosas en compañeros de tropa.
  • Los monos mandriles dejan de cuidar a sus compañeros enfermos.
  • Las hormigas cambian a estructuras sociales más modulares para limitar la propagación de enfermedades.
  • Los demonios de Tasmania, menos agresivos, no contraen cánceres transmisibles, pero también es menos probable que se apareen.

«A pesar de lo poco natural que nos pueda parecer, el distanciamiento social es una parte muy importante del mundo natural», porque ayuda a los animales sociales a prevenir enfermedades y a sobrevivir.

Asimismo, indica que esto aumenta sus posibilidades de tener descendencia, los ecologistas lo denominan «inmunidad conductual».

No obstante, se pierden los numerosos beneficios que favorecen la vida social. Por ello algunas especies optan por permanecer juntas incluso cuando algunos de sus miembros se infectan.

Las langostas espinosas, por ejemplo, a través de la orina detectan y evitan a los compañeros de grupo infectados de Panulirus argus virus 1, enfermedad que mata a más de la mitad de los especímenes juveniles contagiados.

El animal actúa separándose incluso a costa de exponerse a un mayor riesgo de ser devorado por otras especies, pero de esa forma evita que un brote viral pueda devastar su comunidad. 

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Langosta

Por su parte las colonias de hormigas de jardín practican un distanciamiento social estratégico para proteger a los miembros más valiosos o vulnerables de su grupo con el fin de garantizar la supervivencia. 

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Hormigas

Algunas aves evitan a sus compañeros que parecen estar enfermos. No obstante, el grado de distanciamiento varía según el poder de su propio sistema inmune, cuanto más fuerte sea menos se alejarán y viceversa.

El pez millón actúa de igual manera, cuando algunos de sus compañeros se infectan. «Tiene sentido que la evolución favorezca una fuerte expresión de comportamiento de distanciamiento en aquellos que están en mayor riesgo», aseguran.

Los mandriles, que pueden vivir en grupos de hasta cientos de miembros en las selvas tropicales del África ecuatorial, ajustan sus comportamientos de aseo personal para evitar compañeros contagiosos.

No obstante, estos simios renuncian ocasionalmente al distanciamiento social cuando se trata de ciertos parientes cercanos enfermos.

Las mangostas rayadas, que suelen vivir en grupos de hasta 40 miembros, no evitan a sus compañeros ni siquiera cuando estos muestran signos de enfermedad, y es que al parecer «El distanciamiento social puede no ser sostenible en especies donde la cooperación estrecha con otros individuos para la caza y la defensa puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte».

Actualmente los seres humanos gozan de muchas ventajas ante las plagas, como por ejemplo poder comunicar amenazas de enfermedades a nivel mundial en un instante, lo que permite instaurar instaurar medidas incluso antes de que aparezca la enfermedad, hecho que ha salvado muchas vidas, según el texto.

La mayor ventaja, es la capacidad humana de desarrollar herramientas sofisticadas no conductuales como son las vacunas, que «previenen enfermedades sin la necesidad de costosos cambios de comportamiento».

Los costos a corto plazo del distanciamiento social, aunque severos, tienen beneficios a largo plazo para la supervivencia, sostiene el texto. «Por antinatural que pueda parecer solo necesitamos seguir el ejemplo de la naturaleza», afirman.

 

El estudio sugiere además que, “muchos animales deben inferir y responder al riesgo de infección a partir de señales heurísticas (imperfectas) como el comportamiento de enfermedad y anomalías morfológicas.

La generalidad de las señales que los animales no infectados utilizan para alterar sus comportamientos sociales en respuesta al riesgo de patógenos determinará el grado, la velocidad y la manera en que los huéspedes responden a nuevos patógenos en escalas de tiempo ecológicas (dentro de la generación)”.

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