Apicultura con Alma: Guía Experta de Tradición y Naturaleza

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Sin apicultores no hay colmenas

El estado de alarma ha coincidido con el arranque de la actividad en las explotaciones apícolas y los desplazamientos para atender las colmenas en los colmenares están permitidos. En estos momentos la actividad se centra en hacer los núcleos.

 

colmenas
Enjambrazón: Formación de enjambres

 

División de colmenas

En estos momentos, dependiendo de si están en el sur o en el norte de la provincia, pues se llevan más de 20 días de diferencia en el campo, los apicultores se dedican a hacer los núcleos, es decir, sacar de una colmena madre sus descendientes.

«Hay muchos métodos y cada uno aplica el suyo según sus necesidades; desde dividir la colmena en dos partes, división en abanico, núcleos babys y de cada método sus variantes», explica el presidente de la Asociación Palentina de Apicultores (APA) Julián Caballero, que subraya que «son muy autodidactas y cada cual tiene su librillo».

Imprescindible reproducción

Esta labor de reproducción es «imprescindible» para la continuidad del colmenar. Hay mucha mortandad en invierno -hasta un 40% de media-, e intentar evitarla es la «labor principal del apicultor».

«Las colmenas por su naturaleza forman enjambres (ellas mismas se dividen naturalmente), y una gran parte de las abejas, junto con la abeja reina, se marcha de su casa para formar otra en otro lugar. Este comportamiento natural supone una pérdida para el apicultor que lleva todo el año proporcionándole los cuidados que necesita».

Como también explica Julián Caballero, otra de las labores principales en estos momentos es ordenar la colmena de forma que crezca con más facilidad (miel, cría  y polen). A la vez se introducen láminas de cera para que las abejas  las estiren y formen los típicos panales con celdas hexagonales.

«Con esta labor, al tiempo que se amplía y da espacio a la colmena, el apicultor  evita ese temido enjambrazón», afirma.

 

COVID-19

La actual crisis sanitaria del COVID-19, en principio, «no afecta demasiado» pues las actividades del llamado sector primario son servicios considerados de primera necesidad. Aunque como en todos los sectores se producen problemas puntuales en los suministros de material.

El estado de alarma ha coincidido con el arranque de las explotaciones apícolas y los desplazamientos para atender los colmenares están permitidos. 

«Se debe circular con la documentación del apiario y estar en ruta desde su casa al colmenar. En el caso de ser más de una persona, éstas deben respetar las medidas de seguridad pertinentes y cumpliendo las distancias de seguridad».

 

Esta primavera «viene muy bien» ya que las  lluvias y su repercusión en el campo propician que «las colmenas crezcan con rapidez». Aunque siempre hay un pero; las abejas explotan y bullen de actividad, lo que puede provocar que, de no controlar ese crecimiento, terminen enjambrando con la consiguiente pérdida de población.

Este año la primavera viene con lo que los apicultores llamamos fiebre de enjambrazón». «Si bien el año comienza favorable -prosigue Caballero-, la miel que en estos momentos recolectan las colmenas la consumen ellas mismas.

Más adelante, a medida que  crecen en población  empiezan a almacenar miel y es cuando el apicultor puede recoger una parte de ese almacén».

Para esto,  «aún queda mucho tiempo; la miel de brezo, por ejemplo,  hasta finales de agosto o septiembre no se recolecta -catar es el término utilizado por los apicultores- y hasta que lleguen esas fechas el cielo tiene mucho que decir para que no tengamos heladas tardías y que llueva puntualmente.

Problemas

La avispa asiática (Vespa velutina), si bien se ha localizado en distintos puntos de la provincia, «aún no ha creado daños a los colmenares ni a las personas, pero es algo que llegará y para lo que no estamos preparados.

Tenemos regiones limítrofes donde ya es un desastre  y eso que  luchan desde muchos frentes contra ella, deberíamos prepararnos para lo que nos viene», afirma.

En cuanto a la  varroa, calificada como el «principal enemigo» de la abeja y por ende del apicultor, es hoy por  hoy  la causa de la gran mortandad de las colmenas.

«El apicultor que quiera permanecer siéndolo debe conocer bien este ácaro,  tanto o más que a las abejas, desde cómo se reproduce a cómo poder eliminarlo y las consecuencias que tiene en la colmena».

Julián Caballero habla de un tercer factor que, sobre todo en el sur de la provincia, «también está creando problemas puntuales».

Se trata de los abejarucos, «pájaros muy bonitos pero que, como su nombre indica,  si pueden se alimentan principalmente de abejas, creando  presión y temor en las colmenas; llegando el punto de que las abejas no salen al campo pues saben que las está esperando».

Desde la Asociación Palentina de Apicultores, se valora la apicultura en la provincia de Palencia como un «factor positivo» para  fijar población. «La persona con colmenas tiene que pasar muchas horas atendiéndolas y esto implica  vivir en los pueblos o ir continuamente a ellos».

Entre las dos asociaciones de Apicultores (Apinorpa, Apicultores del Norte de la Provincia, es la otra), explica Caballero, «hay unos 500 apicultores aficionados con un número de colmenas que satisfacen sus necesidades de consumo y también hay muchos profesionales que viven de sus colmenas».

Por otro lado,  «profesionales de otras provincias vienen justo en el momento de las mieladas para instalar sus colmenas y recolectar.

La transhumancia está ocasionando problemas de convivencia entre colmenares estantes y trashumantes», según pone de manifiesto Caballero. Incide en que «la Montaña Palentina está recibiendo una presión de colmenas trashumantes que se debería regular.

Ni todos los años son iguales ni todas las zonas admiten las colmenas que se quiera. Se está sobre-explotando el medio y perjudicando a los apicultores que pasan el año en el mismo asentamiento, polinizando su territorio».

La administración, a su juicio,  «debería implicarse y regular las cantidades de colmenas que se puedan instalar como lo ha hecho en otros temas, como puede ser caza, pesca o  micología».

El número de apicultores en la provincia «va en aumento» y también el de apicultoras que se incorporan a esta actividad. 

«En la pasada feria apícola, celebrada en Palencia en el mes de febrero, fueron cinco las mujeres que dieron a conocer sus experiencias como apicultoras».  Caballero recalca que «es un oficio en el que hay desde recién licenciados hasta veteranos de toda la vida.

Quién entra en el mundo de las abejas, por regla general, ya no lo abandona… queda enganchado para toda la vida».

Julián Caballero asegura, a modo de conclusión, que «si en su día apareció la figura del apicultor porque había colmenas; hoy por hoy, si desapareciesen los apicultores, seguramente desaparecerían las abejas.

No se conoce una sola colmena que viva por sí sola, desde que llegó la varroa han desaparecido todas. Con la importancia que tienen las abejas para la economía y el medio ambiente, bien está que las distintas administraciones cuiden a los apicultores, esto repercutirá en todos».

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