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El equipo de apicultor y sus 3 elementos esenciales

Mono, guantes y careta

Introducción al equipo de apicultor

Aunque son muchos los complementos que podríamos añadir al equipo de apicultor dependiendo de la fase o época de la temporada en la que transcurra nuestro trabajo apícola, una de las partes básicas y fundamentales del equipo se puede decir que es el traje o buzo que viste, compuesto por el mono, guantes y careta. Un escudo básico que cualquier apicultor sensato y profesional no puede obviar.

Se trata de una pieza inherente al profesional de la apicultura, que podríamos asimilar al casco del motorista o al escudo de un gladiador romano.

El equipo de apicultor en la historia de la apicultura moderna no ha variado mucho.

Hay equipos de apicultor enteros, tipo buzo o mameluco y trajes en 2 piezas donde encontramos por separado el pantalón y la chaqueta.

Yo, personalmente, no recomiendo esta segunda opción, pantalón y chaqueta por separado, por el simple detalle que al no estar unidos en una  única pieza la parte superior y la inferior, ofrecemos a nuestras amigas de faena una rendija o zona, a quién no se le ha salido la camisa del pantalón alguna vez, por donde entrará alguna abeja para darnos un buen susto.

Simplemente el equipo de apicultor es una funda protectora o traje de protección, y por tanto la característica principal de las telas utilizadas es su grosor y la dificultad para que la tela sea atravesada por un objeto punzante como es un aguijón, similar a un chaleco antibalas.

En la actualidad, en el equipo de apicultor, se dejan ventanas de ventilación para facilitar la transpiración durante el duro trabajo en diversas zonas del pecho y espalda, por medio de tejidos plásticos dobles.

equipo de apicultor
Rejillas de Ventilación

Normalmente la ropa de apicultura en el equipo de apicultor son de color blanco debido a que este color tranquiliza a las abejas.

Personalmente y respetando las distintas opiniones, pues cada maestrillo tiene su librillo, sobre el uso de ropa de ciertos colores durante el trabajo apícola, como no podía ser de otra forma, pues sobre los gustos no hay nada escrito, en mi modesta opinión, únicamente puedo glosar y compartir la enseñanza y el saber de mis apicultores mayores que se hacían eco de su propia experiencia.

Esa misma experiencia se impregnó en mi como si yo fuese una esponja y en más de una ocasión me haría sentir escalofríos en la piel comprobar cómo una ley no escrita que decía que los colores oscuros ponen nerviosas a las abejas, al contrario que el color blanco las tranquilizaba, era una realidad contrastada.

De hecho, el primer día que acompañé a mi tío Ursi al colmenar para hacer la inspección del final del verano, revisar las colmenas y dejarlas preparadas para iniciar la invernada, allá por el mes de septiembre u octubre, en uno de los primeros días nublados del otoño cuando  ya estaba amenazando tormenta, me presenté con la ropa de diario, un pantalón vaquero y una camisa de cuadros.

Al llegar sin el equipo de apicultor, encima de mi camisa de cuadros, me coloqué la chaqueta blanca de apicultor con careta cuadrada que me proporcionó mi tío. Tiempo después descubrí la importancia de que la careta sea redonda.

Como decía, estando con el equipo de apicultor de pie en medio del colmenar, pude comprobar la atracción que ejercía el color oscuro  sobre las abejas. Las abejas atacaban y picaban más y con más «rabia» sobre el pantalón vaquero azul oscuro que sobre la chaqueta blanca del equipo de apicultor, aunque por fortuna no eran capaces de traspasar  con su aguijón la gruesa tela vaquera.

Incluso sobre los guantes de cuero, ennegrecidos por el uso, eran más frecuentes los intentos de perforación y los aguijones clavados al final de la jornada, así lo delataban.

Careta o máscara

La cabeza y cara del apicultor debe estar protegida por una máscara a modo de casco en cuya parte interior normalmente hay tejido mosquitero, que puede ser de diferentes materiales: metálicopoliésterplástico, etc.

La finalidad es la protección y separación de la cara ante el ataque de las abejas. Para una mejor protección, el equipo de apicultor se arma con sombreros que fijan y mantienen la estructura y la distancia del velo a la cara. La careta se une a la parte superior del buzo por medio de cierres, pudiendo también atar por medio de cordones.

Redonda o Cuadrada

La forma del sombrero del equipo de apicultor puede parecer que no tiene importancia, pues en la postura ideal cualquiera de los dos modelos mantiene alejadas a las abejas de nuestra cara.

En cambio, si nos fijamos bien y nos centramos en el roce de nuestra cabeza en la malla de la careta o máscara, podremos comprobar que, en ciertas posiciones forzadas, la cara se queda a cuadros.

Bien cuando miramos hacia un lado u otro, cuando nos agachamos, giramos o hacemos ciertos  movimientos con la cabeza, las partes salientes de la cara, más aún si tenemos en cuenta y dependiendo de la fisionomía del apicultor, las orejas, la nariz e incluso las mejillas, pueden quedar expuestas, por estar muy próximas o pegadas, a la malla o red que nos mantiene embozados y «encarcelados» lejos de los aguijones.

En la careta redonda o circular esta distancia es la misma en su perímetro, por lo que tendremos mayor libertad de movimientos sin peligro a que las orejas se peguen a la malla y nos alcance algún aguijón furioso.

Pero si comprobamos la distancia hasta la zona de peligro, ésta será menor en una careta cuadrada que en una redonda, simplemente por cuestiones de geometría pura. La distancia o perímetro desde el centro en una forma redonda es exactamente igual en todos los puntos mientras que en una careta cuadrada tendremos una distancia menor en los ángulos del cuadrado.

Y es esta menor distancia la que expondrá nuestras orejas, soplillos, alerones o salientes apéndices, en mayor medida cuanto mayores sean éstos, ante los afilados aguijones.

Es por lo todo explicado que mi recomendación es usar una careta circular bastante amplia y acorde al tamaño de la fisionomía que permita al usuario realizar cualquier movimiento sin que llegue siquiera rozar cualquier punto del perímetro de la malla protectora.

Proteger la cabeza es fundamental para trabajar con confianza y sin temor a recibir la ira de las abejas.

 

Guantes

Cierto es que conozco más de un apicultor que para ciertas tareas no utiliza guantes pues dicen que trabajan con más soltura y precisión.

Recuerdo que mi tío me decía que, a cuenta de la apitoxina inoculada por las abejas cuando le picaban en las manos, estaba inmunizado contra el reuma.

Y es que, como decía mi abuela, «Sarna con gusto no pica», para mi gusto es bastante desagradable recibir picaduras en las manos pues te puede producir picor, malestar e hinchazón en la zona afectada e incluso no sería el primero que sufre una crisis anafiláctica más grave que puede llevarle a la muerte.

Así, que en lo que a mi respecta, para trabajar, los guantes de piel son parte inexcusable y fundamental del equipo de apicultor.

También se suele decir que «Gato con guantes no caza», por lo que deberemos trabajar más despacio para actuar con precisión.

Calzado

Otra pieza fundamental del equipo que no podemos olvidar es el calzado, siendo esta una parte fundamental del equipo de protección.

En el equipo de apicultor hay quienes utilizan botas de tela especialmente diseñadas, otros calzados normales con polainas a los fines que las abejas no piquen las zonas de los tobillos. Se pueden utilizar doble par de medias y los pantalones metidos en el interior del segundo par.

En mi caso, yo utilizo botas de goma de caña alta, botas de agua de toda la vida, con la pernera del pantalón introducido en ellas, hecho éste que me asegura que no habrá sorpresas con abejas que se introduzcan por la el pantalón o buzo, zarzas, maleza o fortuitas zonas mojadas con charcos o escarcha y me  mantendrán secos los pies.

Y con este básico ya podríamos visitar un apiario y realizar alguna tarea básica que no requiera interactuar directamente con las abejas, sin temor a sufrir alguna picadura.

Pero como no hay 3 sin 4, el ahumador será el 4° escudo fundamental.

Y como todo no va iba a ser pasearse distraídos entre colmenas, cortando y limpiando maleza del espacio en el que se asienta nuestro colmenar, también nos detenemos a observar a las abejas que entran embutidas por las piqueras.

En las corbículas portan unas enormes bolas de polen amarillo.

El ahumador se presenta como la 4ª pata del equipo de apicultor básico y una herramienta fundamental cuando nos enfrentemos cara a cara con la operación de apertura.

El humo será un elemento gaseoso fundamental y básico para abrir la colmena con más seguridad y realizar los trabajos de mantenimiento.

Con el ahumador generando humo a partir de materiales prendidos a tal fin, presionando el fuelle del mismo, crearemos un ambiente  nebuloso y espeso que tranquilizará a las pobladoras de la colmena.

Ciertas abejas obreras, encargadas de la protección de la colmena, se situarán de espaldas a la piquera y batiendo sus alas decididas y dedicadas a defender su castillo. De esta forma, como si fuese un incendio, crearán una corriente de aire que expulsará el humo que amenaza su casa, la cría y sus provisiones. 

Es ese momento de distracción el que debe aprovechar el apicultor para realizar todas las operaciones necesarias.

Las operaciones se deben llevar a cabo con la mayor diligencia, rapidez y destreza posibles, pues no es conveniente abusar del ahumador debido al estres que causa en el enjambre y la gran mortalidad que éste provoca. 

¡Salud y Suerte!

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