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"Compartiendo mi pasión por las abejas y la apicultura"
varroa

Ácaro Varroa, aprendiendo a combatirla

Calier, compañía de salud animal, explica todos los conceptos necesarios para entender la esencia de la varroa y su afectación sobre la actividad apícola.

 

El ácaro varroa, una especie procedente de Java, actualmente se puede encontrar en cualquier lugar del mundo, si exceptuamos algunas remotas islas, y cuenta con el dudoso honor de ocupar el primer lugar en lo que se refiere a problemas de la apicultura mundial, ya que este ácaro se nutre de las abejas adultas y sus crías.

Para seccionar a sus víctimas utiliza su alargada mandíbula en forma de cuchillo de sierra, como para cortar el pan de toda la vida, e inmediatamente después de rasgar el exoesqueleto protector de la abeja, lleva a cabo la liposucción de la grasa de la abeja con una trompa o probóscide.

Las abejas adultas, al carecer de estas reservas de grasa, ven dificultados procesos como la metamorfosis de las crías o el normal funcionamiento del organismo, tornándose insectos menos activos, con vida más corta y con una salud más enfermiza. La acción de la varroa en abejas y sus crías transmite virus y bacterias que causan enfermedades.

Varroa se adhiere a las abejas adultas de la colmena, y se alimenta de las reservas de grasa de su abdomen.  Entre 3 y 10 días, hasta completar su desarrollo, permanece parasitando sobre ellas en fase de varroa forética, único momento en que está expuesta a los acariciadas usados para su control. A pesar de ello son difíciles de ver, ya que la mayoría de ellas se encuentran entre los anillos de la zona ventral.

Con la celda a punto de opercular, la varroa madura reconoce el momento por el aviso en forma de feromona de operculación  que emite la larva, entra en la celda, y allí, bajo el opérculo, realiza su ciclo de reproducción, del cual, pasadas 60-70 horas del cierre de la celdilla pone su primer huevo, de macho, y 30 horas después y sucesivamente irá colocando huevos de hembra, de los cuales se desarrollarán larvas, ninfas e individuos adultos. 

Según vayan madurando los huevos de hembra, a los 5-6 días, en el interior de la celdilla parasitada el macho las irá fecundando.

Una vez abierta la celdilla saldrán las hembras fecundadas y las obreras la limpiarán sacando al macho y las hembras no desarrolladas.  Bajo el opérculo, los ácaros están protegidos de acaricidas.

CRECIMIENTO POBLACIONAL DE VARROA

 

Varroa entra en las colmenas sobre las abejas pecoreadoras que se equivoquen de colmenas vecinas (aprox. 20%), por pillaje o por los zánganos. Seguramente se dirigirán al panal más próximo con celdillas formando opérculos para comenzar su ciclo de cría.

Desde aquí se irán extendiendo  al resto de la cría para alcanzar las celdas de zángano, en la periferia del nido de cría, y por las que tiene predilección.

Se puede decir sin miedo a equivocarse, que aproximadamente 1/4 de la varroa se encontrará sobre abeja adulta, fase forética, y los 3/4 restantes sobre la cría operculada multiplicándose.

Ante esta proliferación de varroa, encontramos comportamientos de despiojamiento de algunas obreras que,  en una práctica llamada «grooming», las muerden con sus mandíbulas para quitarlas de encima; o de higiene específica contra varroa, VSH, por el que las abejas detectan sustancias de alarma que producen sus pupas cuando de los huevos de varroa salen sus larvas y comienzan a devorarlas. Este holocausto caníbal ocurre los días 6 a 8 de operculado, cuando la cabeza de la pupa es visible y los ojos empiezan a hacerse visibles.

Este crecimiento en la afectación será más o menos rápido según sea el porcentaje de fertilidad, el número de ciclos reproductivos que lleven a cabo y si solo parasitan celdas de obrera o es posible parasitar celdas de zángano.

Normalmente la productividad de la celda de obrera es de 1,5-1,7 varroa por cada una que entró, mientras que en las celdas de zángano la proporción es casi del doble,  llegando a ser 2,7.

De esta forma podremos decir que, por término medio, en una celda de obrera pueden salir de 1,5 a 1,7 varroas por cada una que entró.  En las celdillas de zángano aparecen 2,7, casi el doble. 

Como veréis, podremos concluir diciendo que, mensualmente, el número de varroas se multiplica por dos en colmenas con cría de obrera, triplicando el número si se encuentra bastante cría de zánganos.

 

 

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