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Introducción
La Fascinante Empatía Apícola, primer mandamiento del Buen Apicultor y Pilar Básico de la Apicultura Segura explica la necesidad de interiorizar y cultivar la Empatía Apícola, una virtud mágica y un don precioso de los apicultores tradicionales o aficionados.
La Empatía Apícola es un sexto sentido que protege y blinda al apicultor con una armadura invisible y le proporciona una nueva forma de actuar. Unas Actitud y Aptitud que le permitirán la práctica de la apicultura con soltura, sin contratiempos y le llevará al éxito. La Empatía Apícola será tu mejor aliada y se convertirá en tu mejor protección contra los furibundos ataques en masa que son causantes de la mayor parte de los accidentes mortales que suceden en el mundo de la Apicultura, la mayoría de ellos sufridos por apicultores sin experiencia o ajenos al mundo apícola.
Se trata pues, más que de una recomendación sobre la empatía apícola, de uno de los aspectos que, para mí y de acuerdo a mi propia experiencia, se convertirá en tu mejor protección para la práctica de la apicultura. Y aunque no todos nacen con esta capacidad, debemos entender que todo el mundo, en mayor o menor medida, la puede adquirir, cultivar y perfeccionar.
Además, es totalmente gratis.
Importancia de la empatía
Por definición, la empatía es una capacidad que tienen las personas para percibir las emociones y los sentimientos de los demás. Por eso la empatía es vital para la vida social. Además, consiste en entender a una persona desde su punto de vista en vez del propio, o en experimentar, indirectamente, sus emociones. En definitiva, la empatía es la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de otra persona.
La empatía apícola es una habilidad muy importante para los apicultores, ya que deben ser capaces de comprender el comportamiento de las abejas y trabajar en cooperación con ellas. Los apicultores deben ser capaces de leer el lenguaje corporal de las abejas y comprender su comportamiento para poder predecir y evitar la agresión. La empatía apícola también es importante para minimizar la agresividad de las abejas.
Por ello, la empatía apícola servirá para conseguir evitar la mayor parte de los indeseados y temidos ataques. Por que de nada nos servirá correr, como pollo sin cabeza, de un lado a otro del apiario, intentando evitar los aguijones del enfurecido enjambre.
Picaduras que hinchan, irritan y enrojecen nuestro cuerpo, en el mejor de los casos, y que ocurren muy frecuentemente en nuestra relación con nuestras socias las abejas en la apicultura tradicional, practicada por una gran mayoría de apicultores, normalmente aficionados, principiantes o emprendedores, con un carácter recreativo, todos ellos amantes de la naturaleza y defensores de la Biodiversidad y el Ecosistema.
Aunque suene repetitivo es necesario recalcar que, no siendo la empatía apícola «la purga de benito» contra los ataques de las furiosas abejas, siempre deberemos utilizar, sin excepciones ni excusas, un equipo de protección adecuado junto con las lógicas y obvias medidas de seguridad. Por desgracia, la mayoría de las veces que ocurren accidentes en el apiario, se dan por actuar sin conocimiento y sin tener en cuenta que debemos trabajar con calma y serenidad, con empatía y, repito, el equipo de protección adecuado.
Siempre que interaccionamos con otras personas, conocidas o no, adoptamos su punto de vista y adaptamos nuestra idiosincrasia a la suya, con todos los cambios que esto supone a nivel físico y psíquico, transformando nuestra forma de expresarnos, modificando el tono y volumen de voz, así como el lenguaje que utilizamos, diferente según la edad o el nivel cultural de nuestro interlocutor.
Esta misma empatía apícola o adaptación de nuestra idiosincrasia y manera de proceder es la que deberemos aplicar cuando interactuemos en el colmenar. Las abejas tienen la suya propia.
Estas modificaciones conductuales nos son interesantes porque sabemos que pueden hacer que se establezca una perfecta conexión y entendimiento entre distintos, acercándonos más íntimamente a nuestro interlocutor.
Estos comportamientos pueden englobar diferentes aspectos de una persona.
Pongamos, por ejemplo, esta actuación social como una manera de dirigirnos a la persona, nuestro interlocutor, para motivar en ellas aquella respuesta que esperamos de ella y pretendemos obtener, básicamente, un modo de anunciarnos y presentar nuestras credenciales.
Puede ser una frase que nos inicie en un diálogo o conversación, una respuesta concreta a la pregunta que hemos lanzado, un saludo, un gesto, etc.
También puede ocurrir que la contestación sea totalmente opuesta a lo que esperamos y se convierta el diálogo en una discusión acalorada e incluso, en el peor de los casos, en otro tipo de agresiones verbales u otras respuestas físicas que podrían causarnos algún tipo de lesión.
Para ponerte un ejemplo con el que te sentirás identificado, puedes imaginarte que estás parado frente a un semáforo en rojo en el interior de tu automóvil cuando, en el momento en que la luz cambia a verde y se espera que inicies la marcha, se cala tu vehículo. Mala suerte, no has estado todo lo sincronizado que deberías y has levantado el pie del embrague antes de tiempo. Este error, bastante común, podría pasar inadvertido o ser el blanco de un enjambre de pitidos por parte de los conductores de los coches que estén detrás de ti, pero nada más.
Empatía Apícola en el campo
Bueno, pues ahora cambiamos de escenario y nos situamos en un paisaje idílico, como mi colmenar en el pueblo de Ruijas en el Valle de Valderredible.
Normalmente, y por seguridad, cualquier apiario estará ubicado en un lugar de estas características, alejado de la ruidosa ciudad o de lugares urbanizados, en el que solo se escucha el piar de los pájaros y el zumbido de los insectos.
En la lejanía, los buitres planean sobre los restos mortales de una vaca, un corzo o cualquier otro animal y, desde la altura, las aves rapaces sobrevuelan trigales y campos cercanos, mientras otean y escudriñan entre la vegetación del suelo intentando descubrir algún movimiento que delate a algún incauto roedor sobre el que abalanzarse cuando se ponga a tiro.
Casi en ese mismo instante, en otro cercado aledaño, se adivinan 8 vacas y 3 caballos pastando plácida y tranquilamente sobre la ladera del monte que se divisa sobre el lienzo del horizonte, mientras algún animal salvaje merodea entre los matorrales que circundan el colmenar, tupidos de zarzamoras, rosales salvajes y brezales en flor. Una escena donde se respira empatía apícola.

Incluso, eventualmente, se podrá escuchar algún tractor trabajando en el patatal o trigal al otro lado de la carretera, el paso de algún otro vehículo a motor o el rumor de los ciclistas conversando mientras practican deporte.
Estamos en el centro del edén, con oxígeno para dar y tomar y con el sol reinando en todo lo alto.
En el interior de nuestro apiario, con la empatía apícola necesaria, vamos de aquí para allá, deambulando de un lado a otro, revisando y colocando, ordenando, equipados y vestidos con nuestro traje de apicultor y la careta adecuada, los guantes de cuero, el ahumador cargado y preparado para, en respuesta a nuestra presión manual, expulsar una o varias bocanadas de humo blanco, ante el menor signo de alarma.
Las abejas descuidadas continúan revoloteando y realizando sus tareas diarias mientras todo permanece inalterado, sin golpes ni ruidos, movimientos bruscos o vibraciones que las ponga en guardia.
Y así debe seguir todo, tranquilo y manteniendo la empatía apícola perfecta humano-abejas.
En tu casa no lo permitirías
La empatía necesaria te mostrará que los comportamientos anteriores: golpes y ruidos, movimientos bruscos y vibraciones, pueden provocar una situación de estrés y desatar la ira de las abejas.
Por un momento utiliza tu empatía para colocarte en su situación. Sí, imagina que eres una abeja. Entonces te darás cuenta de que también a tí te crearían una situación comprometida, si, por ejemplo, los niños de tu invitado revuelven todo en tu propia casa.
Cómo te pondrías?
Irritado, no?
Pues eso, un poco de empatía, por favor.
Un poco de teoría
Las abejas son animales sociales y viven en colmenas. Cada colmena está formada por una reina, unas cuantas abejas obreras y unos pocos zánganos. La reina es la única hembra que puede poner huevos, mientras que las demás abejas obreras son estériles y los zánganos son machos.
Las abejas son muy importantes para la polinización de las plantas. El polen se pega a las patas de las abejas cuando están recolectando el néctar de las flores. Cuando las abejas vuelan de una flor a otra, el polen se cae y fertiliza las plantas.
Las abejas son animales muy útiles, pero también pueden ser peligrosas. Las abejas atacarán si sienten que su colmena está en peligro. Si una persona se acerca demasiado a una colmena, las abejas pueden atacar en grupo. Este grupo o masa de abejas se conoce como enjambre.
Un enjambre de abejas es un grupo de abejas que se ha separado de su colmena. Los enjambres suelen formarse cuando nace una nueva reina y ésta y un grupo de abejas salen a establecer una nueva colmena. También cuando hay un problema en la colmena, como un incendio o una invasión de insectos. Las abejas que forman el enjambre buscarán un nuevo lugar para vivir.
Si una persona se encuentra con un enjambre de abejas, lo mejor es alejarse lentamente. No se debe correr, ya que esto hará que las abejas se sientan amenazadas y ataquen.
La explicación a este comportamiento está en su extrema sensibilidad. Si en algún momento se produce un cambio en sus dominios que provoque una modificación en la presión ambiental que pueda ser percibida por cualquiera de sus sentidos, se producirá la catástrofe.
Los Sentidos de Apis mellifera
Las abejas son animales con unos sentidos muy agudos. El olfato las ayuda a encontrar las flores con néctar, el tacto les permite identificar las texturas y el gusto les permite diferenciar entre los diferentes tipos de néctar. La vista de las abejas es muy buena y les permite ver los colores de las flores. También tienen un sentido del equilibrio muy desarrollado, que les ayuda a volar de forma estable.
Teniendo en cuenta que la abeja permanece en un ambiente oscuro dentro de la colmena, podremos suponer que el sentido de la vista apenas tiene utilidad. Sí, en cambio, aquellos otros receptores de olores, sabores o cualquier movimiento o vibración que puedan percibir sus antenas receptoras.
Las antenas de las abejas son el olfato, el oído y el tacto. La vista es uno de los sentidos más desarrollados en los humanos, pero en el caso de la abeja, hay otros sentidos que son más importantes, como el del olfato o el gusto.