
Bienvenido a ApisMielera. Si alguna vez te has preguntado si «¿quieres ser apicultor?», estás en el lugar correcto. Este es el mejor espacio para aprender apicultura y a amar esta afición, iniciarse en el cuidado de las abejas y, sobre todo, aprender a escuchar el lenguaje de la naturaleza.
Nuestra Misión: Pasión por la Biodiversidad
Este blog nace como un homenaje a los apicultores de ayer, hoy y mañana. Es un espacio dedicado a los protectores de la biodiversidad que, a través de la polinización, siembran de vida nuestro planeta. En ApisMielera creemos que aprender apicultura y amar a las abejas es amar a la humanidad. Entendemos la apicultura no solo como una técnica, sino como una responsabilidad hacia el equilibrio del ecosistema.
11 Consejos para Aprender Apicultura para Principiantes

Para aquellos que desean dar el paso para aprender apicultura y convertirse en apicultores responsables, he compactado los pilares fundamentales que todo aprendiz debe conocer:
Prioriza la Biología: Antes de tocar una colmena, estudia a la abeja. Si entiendes su comportamiento, el manejo será natural.
Usa Marcos Móviles: Facilitan la inspección sanitaria y el bienestar de la colonia.
Inicia con Cera Natural: Las abejas prefieren construir desde cero. Es más económico para ti y más saludable para ellas.
Estandariza tu Material: Usa el mismo tamaño de cajas y alzas para facilitar los intercambios y divisiones.
Evita los Excluidores: Deja que la reina se mueva según sus necesidades; esto evita enjambres por estrés de espacio.
Gestiona el Enjambre: Aprender a realizar divisiones controladas (núcleos) para no perder a tu población.
Apuesta por Abejas Locales: Tienen mejor genética de supervivencia y menos problemas de salud que las reinas importadas.
El Número Mágico es Dos: Empieza siempre con al menos dos colmenas para poder comparar progresos y apoyarlas entre sí.
Proximidad: Mantén tu apiario cerca de casa. La frecuencia de observación es la clave del éxito.
Inspección de 7 a 10 Días: Busca huevos, larvas y signos de salud. Dedica tiempo de calidad a cada revisión.
Evita la Sobreprotección: No abras la colmena innecesariamente. Deja que mantengan su calor y microclima interno.
Un Legado que Inspira
Mi pasión por este mundo se forjó en el valle de Valderredible. Allí, de la mano de mi tío Acindino (quien recorría los pueblos en su Motocicleta para oficiar misa), pude aprender apicultura. También interioricé que las abejas y las personas pueden convivir en total armonía. Recuerdo el aroma a miel de brezo en su casa de Ruijas y la paz de sus colmenas. Pude aprender apicultura sin darme cuenta. Al menos aprendí a respetar a las abejas y a todos los seres vivos.
Si quieres conocer a fondo la historia emocional de mis raíces y el origen de este proyecto, te invito a visitar mi página de Presentación: El Legado de Acindino.
¿Hablamos de Abejas?
Si tienes dudas sobre cómo empezar a aprender apicultura o quieres compartir tu experiencia, estoy aquí para ayudarte. ApisMielera es una comunidad de divulgación abierta para todos. ¡Gracias por proteger la vida con nosotros!
Además de en Ruijas, donde vivía, ofició misa en muchos otros pueblos del valle de Valderredible, «valle de la ribera del Ebro», entre los que se desplazaba en motocicleta, primero con su Ducati negra y posteriormente con una Mobylette anaranjada.
Recuerdo su vivienda de Ruijas, la casa parroquial del pueblo. Metros antes de traspasar el portón de madera se percibía el penetrante aroma a panales viejos de miel de brezo. De la misma forma todas las estancias del edificio estaban impregnadas de aquél aroma meloso.
Delante de la vivienda, al otro lado del caminito empedrado que atravesaba todo el frente de la casa, se encontraba el jardín. Situado en la parte frontal derecha, contra el muro que separaba el solar del camino del pueblo, se hallaba el pozo. Comunicando el portón de entrada con el soportal arcado de la casa situado a la izquierda, se encontraba un pequeño jardín en el que destacaban los rosales de todos los colores. En alguna parte de éste, no recuerdo exactamente dónde, habían 3 o 4 colmenas de muestra, quizás más, en línea al murete divisor del espacio ajardinado.
En las proximidades de la casa parroquial de Ruijas, a unos cientos de metros, en dirección a la carretera principal del valle y a otros tantos del río Ebro, descendiendo por el camino viejo del pueblo, antiguo y estrecho, delimitado a ambos lados su trayecto por paredes de piedra forradas de zarzamoras que protegían y lo separaban de eras, prados, huertos o monte, estaba instalado un gran apiario con un número de colmenas bastante mayor. Recuerdo que en alguna ocasión, cuando apenas era un preadolescente, divisé a lo lejos una especie de almacén blanco rodeado de cajas blancas que supuestamente deberían ser las colmenas. En aquellos momentos no sabía bien lo que eran.
Casualmente nuestro apiario se situó unos escasos cientos de metros más abajo.
Aquellas colmenas de muestra siempre se encontraban rebosantes de vida y en plena ebullición a causa de la época veraniega. El 2 de Septiembre, fiesta de San Antolín en el pueblo de Ruijas, invitados por el tío Acindino, nos reunía a comer a todos los sobrinos que estábamos de veraneo en el valle.
Recuerdo que el pozo era como de los de antes, con su cadena, su cuerda y un pesado caldero de acero en el otro extremo de la soga, que ascendía y descendía a ritmo de tirón. La cristalina y fresca agua, en el interior del cubo, se agitaba y desbordaba intentando retornar a la negra profundidad.
Pues bien, lógicamente y como es de suponer, el agua subía sometida al continuo movimiento que producían los balanceos originados por la lucha entre la fuerza de la gravedad contra la fuerza animal del hombre que estuviese tirando de la cuerda.
El balde, con el agua que contenía, a causa de esta diferencia de fuerzas, al alcanzar el borde del pozo, vez sí y otra también, sufría un sonoro golpe contra el rocoso bordillo de la boca del pozo. El posterior «traspiés» de éste mientras se asentaba sobre la pizarra, producía el derrame del agua que desbordaba el recipiente. A causa de estos derrames, a través de los años, se había formado una especie de riachuelo que discurría por el borde del pozo a través de alguna grieta en el cemento que conducía el agua hasta el suelo. Una vez en el suelo se formaba un pequeño charquito que se convertía en el abrevadero eventual de las abejas.
Aún hoy, 50 años después, todavía recuerdo cómo personas y abejas convivían tranquilamente en las inmediaciones de aquél provisional laguito artificial. Y no recuerdo que nunca a nadie, ni a niños ni a mayores, le picase una abeja. Posiblemente su mansedumbre tuviese su origen en la paz que reinaba en aquella estancia sacerdotal, al cariño con que eran tratados por todos los seres que allí se encontraban. Bien pudiera decirse que las abejas formaban un conjunto indivisible dentro del recinto de la casa parroquial.
Si tienes dudas sobre cómo empezar o quieres compartir tu experiencia, estoy aquí para ayudarte. ApisMielera es una comunidad de divulgación abierta para todos. ¡Gracias por proteger la vida con nosotros!
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