Abejas, identificación con Pasaporte 111120

Identificación preventiva 

Pasaporte en los intestinos

 

Distinguidas altezas

 

La posesión de un pasaporte químico para una abeja de la miel, la posibilidad de obtener una identificación indudable y fehaciente de sus convivientes por medio de una especie de pasaporte es muy importante para conocer y saber reconocer a sus compañeras de colmena. Poder lograr, tener la capacidad de distinguir entre una vecina de celda y compañera de colmena y una intrusa o una forastera podría significar la diferencia entre una colmena bien abastecida de comida durante todo el invierno o tener que pasar una dura etapa de escasez de alimento; no es raro que ante la amenaza de una hambruna, las abejas de una colmena intenten infiltrarse en otras colmenas para robar su miel.

Pasaporte en sus intestinos 

Una nueva investigación, realizada por el equipo de Yehuda Ben-Shahar, de la Universidad Washington en San Luis de Misuri, Estados Unidos, muestra que las abejas de la miel se sirven de una especie de pasaporte químico, una identificación de individuos basada en la comunidad microbiana intestinal. Todas las abejas que son inquilinas legítimas de una misma colmena tienen la misma comunidad microbiana intestinal (microbioma). Esta comunidad microbiana intestinal, sin embargo, difiere de las que tienen los inquilinos de otras colmenas.

pasaporte
El chequeo inesperado que las abejas hacen para reconocer a sus vecinas de colmena

 

Hasta ahora, se creía que las abejas reconocían por la proximidad genética si un individuo era o no miembro de la colmena, teniendo en cuenta que los inquilinos de una misma colmena suelen tener lazos muy estrechos de parentesco.

 

Las abejas de la miel reconocen y reaccionan a las señales químicas que captan en otras abejas. Detectan dichas señales a partir de compuestos de la piel conocidos como hidrocarburos cuticulares.

Los investigadores del Instituto de Investigación sobre la biología del insecto (CNRS / Université François Rabelais de Tours) y del Laboratorio de Abejas y Medio Ambiente del INRA, en colaboración con otros investigadores de Estados Unidos y China han demostrado que, al igual que quién falsifica el pasaporte y otros documentos, Varroa destructor tiene la capacidad de imitar la composición química de la cutícula su hospedador y es también capaz de cambiar su composición dependiendo de las especies que parasita.

Esta notable capacidad de adaptación podría explicar cómo este parásito de la abeja asiática ha podido colonizar la abeja europea durante el siglo 20, señalan los investigadores en el artículo publicado en Biology Letters.

Varroa destructor es un parásito de Apis cerana, la abeja asiática, pero se ha convertido en poco tiempo, empezó a parasitarla en los años 40-50, en una seria amenaza para la abeja europea (Apis mellifera), que resiste menos sus ataques. La abeja asiática ha desarrollado conductas (despiojamiento y verificación de las larvas por las obreras) que les permiten detectar y eliminar el parásito. Pero estos comportamientos son más escasos en las abejas europeas.

La cutícula de las abejas está constituida por una mezcla de cincuenta compuestos lipídicos –hidrocarburos– que sirven, entre otras cosas, para la comunicación química. Las abejas son capaces de reconocer la composición de una cutícula y de ese modo identificar las especies o la edad de un individuo. Y también sirve para detectar sus parásitos, pues la cutícula es diferente.

Estudios anteriores habían demostrado que Varroa destructor puede imitar los hidrocarburos cuticulares de su hospedador y por lo tanto escapar al comportamiento higiénico de las abejas. En este nuevo trabajo, los investigadores estudiaron la capacidad de los ácaros, según su origen, para imitar la composición de la cutícula de un nuevo huésped, una especie diferente, traspasando ácaros que viven en una colonia de abejas asiáticas a larvas de abejas europeas y viceversa.

Los resultados muestran que los parásitos son capaces de imitar los dos hospedadores, incluso cuando se transfieren de forma artificial. Así, las proporciones de hidrocarburos de la cutícula de los ácaros cambia después de la transferencia con el fin de imitar la cutícula de su nuevo huésped.

El mimetismo químico se mantiene y esta notable capacidad de adaptación podría explicar cómo este parásito de la abeja asiática ha podido colonizar la abeja melífera y por qué a esta le resulta difícil detectar el parásito.

El análisis de las cutículas también mostró que los ácaros de las colonias de abejas asiáticas son mejores imitadores que los ácaros provenientes de las abejas europeas.

Así, la larga coevolución entre Varroa destructor y Apis cerana ha permitido a los ácaros ser más eficaces en su mimetismo químico y a las abejas asiáticas desarrollar comportamientos contra el parasitario.

En este estudio se ha determinado que el perfil particular de los hidrocarburos cuticulares de una abeja depende de su microbioma y no es algo innato o genético que dependa tan solo de la abeja.

 

En líneas generales, cada colonia de abejas tiene un pasaporte que indica un microbioma que es específico de la colonia, algo que nunca antes se había demostrado, tal como destaca Cassondra L. Vernier, coautora del estudio y que ahora está en la Universidad de Illinois (Estados Unidos). Las abejas de una misma colmena están constantemente compartiendo comida entre ellas, lo que facilita el intercambio de microbios y que acaben compartiendo un mismo microbioma.

 

La nueva investigación es una de las primeras en demostrar que el microbioma interviene en la biología social básica de las abejas de la miel y que no se limita a influir en su salud. En definitiva, el microbioma interviene en el funcionamiento de la comunidad de la colmena en su conjunto, y ayuda a proteger la colmena frente a abejas forasteras, tal como subraya Vernier.

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